domingo, febrero 25, 2007

Mito del diamante hallado en el túnel de la forma

Internados en el túnel de la forma, seis enanos pican en los muros para extraer carbón. Necesitan mucho mineral para abastecer la caldera. La caldera tiene por finalidad accionar el motor de cuatro tiempos mediante el cual su dueña por fin habrá de despertar al príncipe. El motor funcionará de la siguiente manera: una vez encendido, hará girar unas aspas que generarán un viento caliente, que al dar de lleno en la urna en la que duerme el hijo del monarca, lo hará revivir. Ese es el plan de la dueña, que se llama Encarnación. El príncipe se llamaba Douglas Cordelito II, se llamaba porque está muerto, aunque aquél era su nombre de fantasía, ya que en los documentos aparecía inscrito como Fundamento Esencial del Valle de la Belleza.
Uno de los enanos, de nombre Codicia, extrae de pronto de las paredes del túnel una piedra brillante que resulta ser un diamante de 612 kilates, casi el doble de una pelota de golf. Se lo guarda en el bolsillo y no comenta el hallazgo con ninguno de sus cinco compañeros.
Codicia desea en secreto a Encarnación y piensa que si en la noche va a su cabaña y le ofrece la gema, ella se le abrirá de piernas. Mas luego le da una vuelta a su deseo y descubre que Encarnación no es en realidad el objeto de su deseo, sino la escort de nombre Power, una chica realmente voluptuosa.
El enano Codicia abandona el bosque al atardecer con su brillante en una bolsita de cuero. Durante el viaje, con el bartoleo del coche que conduce el cochero Impotencia, las puntas del diamante rompen el saco y la joya cae a la orilla del camino. Una niña campesina la recoge y al mirarla su rostro se llena de luz. La niña se llama Alma Espiritual y lo primero que se le ocurre es llevar la joya a la casa de su padre. La niña vive en medio del bosque, a pocas leguas de la cabaña de Encarnación. Cuando su padre la recibe ella se le echa a los brazos y le entrega el diamante, porque su padre le infunde temor. El padre, que se llama Jehová, decide que no es bueno que un secreto de la naturaleza quede al descubierto y llama a su otro hijo, de nombre Jesús, para que la vaya a devolver a su origen. Jesús se interna por la noche en el túnel de la forma y mediante un movimiento cuasi mágico, pero en realidad de corte ilusionista, hunde el diamante de 612 kilates en lo más profundo de la tierra.
Desde ese día los relatos literarios están llenos de forma, pero nadie ha sido capaz de extraer de ella la sustancia divina que sea capaz de despertar al príncipe Douglas Cordelito II. Encarnación, en tanto, se ha visto obligada a entregarse a la mejor oferta de cada día.