martes, febrero 26, 2019

Delirios y obsesiones

¿A qué dedica la mente su tiempo una vez que logra arrancar los delirios y obsesiones de maleza que la pueblan y antes de que vuelvan a crecer? O dicho de este modo: ¿Constituye la verdadera dicha el ojo abierto, el oído alerta, el roce de la hoja sobre la punta del cabello?
Volcarse a realidades externas, viajar al mundo de los sueños, modificar el contenido de la sangre, ilusas escapadas, todo conduce al embudo donde van a dar las fantasías y el miedo. El miedo a sí mismo, el miedo al dolor, el miedo a perder la vida.
¿Quién, salvo un puñado de personajes literarios, le teme a la inmortalidad? Y sin embargo, el dolor de ir perdiendo a los amigos uno a uno, a los parientes, a los seres más queridos, a los amores imposibles, a los años en que fue persona y lo llamaron por teléfono, le escribieron una carta, le concedieron un crédito hipotecario, resultaría insuperable. Enfrentado a un mundo que cambia día a día, deshecho su cuerpo, arrinconado por un hatajo de datos y valores, el inmortal se volcaría, reducido a su conciencia, a la única obsesión posible, la del final que nunca será.