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lunes, febrero 09, 2026

Solo, en la ciudad

A la salida del trabajo me ofrecen un Maserati, detrás figura otro deportivo a mi disposición, un Lamborghini. Gratis, ambos en la calle, con las llaves puestas. 
Yo no dispongo de grandes cualidades para diferenciar al momento una oferta imperdible de una estafa. Tengo el defecto de no conectar con las personas que me hablan; la tendencia a evitar el encuentro de las miradas. El oferente, un muchacho simpático, de sonrisa fácil y traje claro, no termina de convencerme. La duda me aplasta; un joven colega, avispado, se sube al Maserati y desaparece en fracción de segundos. El Lamborghini también pasa a ser un recuerdo. Pero hay premio de consuelo, un scooter tembleque, mejor dicho un monopatín, en el que me embarco al centro.

(Sigue)