Visitas de la última semana a la página

sábado, febrero 28, 2026

Repaso veraniego

De lo mucho acaecido en estos meses, de justicia sería comenzar el presente repaso veraniego con el viaje a México emprendido con mi esposa para encontrarnos con la Vale. En estricto rigor no se trató de un tour, aunque recorrimos bastantes ciudades, empezando por la capital y siguiendo con Querétaro, San Miguel de Allende, Guanajuato. Estuvimos en las pirámides, visitamos el Museo Antropológico, pernoctamos en el bello centro histórico de Querétaro y en pleno Guanajuato, la ciudad de los túneles y de los estrechos pasajes flanqueados por casas empinadas en los cerros. Mas lo que de verdad necesitábamos constatar era la vida que está llevando nuestra maravillosa hija, uso maravillosa en el estricto sentido de la palabra. Saber más de su situación sentimental, sus problemas de salud, sus estrecheces económicas, su sencillo y delicado modo de vivir la vida. La dejamos allá, no sin ciertas inquietudes por resolver; espero que nos veamos nuevamente en marzo por un par de semanas, esta vez en Chile, sobre todo para festejar su cumpleaños.
Están, además, estos dos meses pasados con Patricia, plenos de ese amor maduro que tanta falta nos hizo en nuestra juventud, aunque a veces salpicados por discusiones debidas en parte a mi irritabilidad y cierta tendencia al menosprecio, que debo de haber heredado de mi madre; esto es, una actitud que llevo anlcada en el alma; en parte a su facilidad para reflotar malos instantes.
Santiago, La Serena, México, Santiago, retorno a la cabaña de Frutillar.
Experimento ya de forma apagada el recuerdo del estreno de mi obra de teatro en La Serena, "Las calaveras salen de juerga", que no llenó para nada mis expectativas y me hizo preguntarme a la salida, mientras caminaba la tarde de ese sábado por calles vacías, por qué el público no se reía... por qué...
En Frutillar tuvimos visitas; febrero es el mes de las visitas. Marcos, Cecilia, Paty y yo disfrutamos de una semana de amistad, paseos y cariño, días no exentos de peculiaridades, como aquella se sentirse extranjero en su propio país. Pero son detalles. Nunca debería uno arrepentirse de compartir con una pareja con la que se puede hablar de todo.
Me sobrevino, eso sí, esa colitis espantosa que me tuvo entre las cuerdas y que despertó en mi mujer una desconocida, novedosa especie de piedad hacia mi persona. Viví momentos humillantes, propios de una parte esencial de la naturaleza humana que tiende a esconderse; esto es, momentos indignos de cualquier espíritu noble que pase por la tierra.
Recibimos además la ansiada visita de Matías y Benicito, padre e hijo, síntesis de un solo corazón, del amor traducido a vida. Días magníficos en los que, sin embargo, el velo de la comunicación fallida caía de pronto entre nosotros. Pero esos momentos frente al humilde fogón, bajo el cielo limpio del sur, bajo las estrellas del sur, momentos de silenciosas reflexiones, acompañado de mis seres más queridos, son tesoros para desenterrar en las instancias grises de las que la vida está plagada.
Mi hija mayor se da el viaje de su vida a España, su segunda patria, a juzgar por su profesión de artista del baile flamenco. Todo le ha salido como miel sobre hojuelas.
Hoy, solo de nuevo, condenso en estas pocas líneas el verano que se va.

lunes, febrero 09, 2026

Solo, en la ciudad

A la salida del trabajo me ofrecen un Maserati; detrás de ese portento figura otro deportivo a mi disposición, un Lamborghini. Gratis, ambos en la calle, con las llaves puestas. 
No dispongo de cualidades excelsas para diferenciar al momento una oferta imperdible de una estafa. Tengo el defecto de no conectar con las personas que me hablan, la tendencia a evitar el encuentro de las miradas. El oferente, un hombre simpático de sonrisa fácil y traje claro, no termina de convencerme. La duda me aplasta. Las puertas de la oficina le abren entonces el paso a un avispado colega, que se sube al Maserati y desaparece en fracción de segundos. En cuanto al Lamborghini, acaba de entrar también al baúl de los recuerdos. Pero hay premio de consuelo. Un scooter tembleque, mejor dicho un monopatín, en el que me embarco al centro.
No más llegar a la plaza de armas me dejo llevar por el movimiento de la gente, desentendiéndome del ligero vehículo. El efecto contrario se produce en unos pelusitas, que olvidan sus correrías para acercarse a contemplarlo.
-¿Me lo presta, caballero?
-Claro, pero no se alejen.
Dicho y hecho: se alejan más de lo conveniente y me cuesta un mundo ubicarlos, pero doy con ellos. Están dando vueltas por la baldosa alrededor de un frondoso árbol muy bien cuidado, con una amplia taza que lo protege y le asegura una buena nutrición. Me subo nuevamente al monopatín, pero he aquí que me ocurre lo que tantas veces, por no decir lo de siempre: tropiezo dos veces con la misma piedra. Los chiquillos reaparecen y les vuelvo a prestar mi joyita. A los dos minutos me doy cuenta de que la he perdido, irremediablemente; dicho en otras palabras, me la han robado. Y dicho aun en otras palabras, les he facilitado el robo del monopatín.
Cuán equivocado estaba pensando que era mío. Nada es gratis en este valle de lágrimas. Crece mi ansiedad al pensar que debo devolverlo y no lo tengo, de modo que vago por las calles de la ciudad, solo, sin norte, imaginando un imposible.
En la disquería me las doy de sabihondo ante el señor de peluquín sentado al lado de la barra de los vinilos. Suenan los parlantes.
-¡Ah! ¡Los tres tenores!
-Desde luego.
-¿Conoce a los tres tenores?
-Desde luego.
(No los conoce).
-El que canta de Plácido Domingo. ¿Lo conoce?
-Me parece haberlo escuchado alguna vez.
(Lo ha escuchado un montón de veces, pero no lo ubica).
-Ahora canta José Carreras...
-Sí, por supuesto.
-Ahora canta... -no logro recordar al tercero, el más famoso. Llevo dos días fracasando en ese desafío, y no pienso recurrir a Google. Tengo en mi mente su gordura, su pañuelo blanco, la tristeza de sus ojos, la energía y suavidad de su voz toscana. La memoria es un delfín.
¡Cuán inofensivos, cándidos!, me resultan estos sueños, si los comparo con las pesadillas de días anteriores, eventos circulares incompletos que se repiten hasta la eternidad onírica, mientras el cuerpo va y viene rumbo al baño, depositando lo malo que hay en él en el vergonzoso receptáculo ideado por el hombre para calmar sus urgencias. 

Martes 17 de febrero, 15.47 hora local.
Luciano Pavarotti.