He visto, en el suspiro que es mi vida, caer mundos, volver a levantarse, volver a caer, desintegrarse. Murieron el campo y la vida santiaguina de provincia. Vino la revolución del pueblo. Cayó la revolución aplastada, mordió polvo de sangre, cayeron los bienes del pueblo y el orgullo popular. Vino la mano militar y el nuevo orden, y también cayó. Cayó rendida la mano militar, vino la nueva democracia y su arcoíris y también cayó. Vino una mano impopular, le hicieron la vida imposible y se gastó.
Se anuncian nuevos tiempos que miran hacia atrás, estoy cansado de ver tanta ceguera. El hombre tira siempre el carro y siempre protestando, nunca dando gracias, soberbio y resentido. El hombre se acostumbra a todo pero nunca se acostumbra, siempre quiere más aunque no tenga, así forjó su drama. El hombre no es animal de razón, quisiera bajarme del carro y terminar mis días en el campo, llegar hasta aquí y profundizar en algo, echar raíces como echa raíces el poeta iluminado.
Mi nombre no tiene importancia, mi edad tampoco. Sólo diré que mi título de Vicioso y Hombre Malo me fue conferido, tras estudiar la vida entera en su academia, por una milenaria formalidad ideada naturalmente por los hombres. Y que si de algo soy testigo es de un derrumbe moral que me ataca por todos los flancos y me obliga a sumarme a él, en el entendido de que la verdad no es otra cosa que aquello que todos tratan de ocultar.
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2 comentarios:
La vida es un suspiro, tiene razón en lo que dice..por eso hay que agarrarse a los breves instantes de felicidad que nos depara.
Un abrazo
LO que todos queremos...bueno, no todos
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