Todo el mundo se divierte. Yo dependo del sol y del mundo. Si llueve, me escondo; si hace calor, me tumbo en la acera. Si me dan monedas, bebo. Si me golpea una patota, me hago un ovillo. Duermo de día y de noche, no sé de dónde saco sueño.
Aquí en Santiago no existe el hambre, no llueve mucho ni hace tanto frío, por eso me vine del sur; tampoco hay bombas que partan las calles en dos y derriben edificios, como veo en las noticias. La gente pide justicia, Señor, no saben lo que piden. Si entendieran no estaría aquí viviendo de ellos, agradecido de Dios que me lo ha dado todo, menos el nuevo amanecer. Ellos no claman por mí, no dibujan mi ejemplo en sus banderas, miran solamente sus problemas. ¿Quién le pide a Dios por mí? La moral del artista, y de qué sirve; los padres en la misa del domingo, a veces. Yo fui un día, me quedé en la puerta y dije amén.
Nomás lloraba ayer el mundo; y hoy todo el mundo se divierte...
Mi nombre no tiene importancia, mi edad tampoco. Sólo diré que mi título de Vicioso y Hombre Malo me fue conferido, tras estudiar la vida entera en su academia, por una milenaria formalidad ideada naturalmente por los hombres. Y que si de algo soy testigo es de un derrumbe moral que me ataca por todos los flancos y me obliga a sumarme a él, en el entendido de que la verdad no es otra cosa que aquello que todos tratan de ocultar.
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1 comentario:
Extrañas reflexiones las del mendigo..
Un abrazo
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