Esperaba más del hombre. Tal vez, como el ex periodista que soy, conozca demasiado bien los trucos para animar al lector, las descripciones de los personajes y la carga subjetiva que todo eso transmite, y que en el fondo deja al autor como lo que es: el dueño de su texto.
Tampoco me agrada esa refinada y apenas visible sed de venganza contra algunos de sus poderosos entrevistados.
Creo que sus memorias debieron pasar por alguna revisión de parte de otras manos.
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