De pronto las cosas se le aclararon. Bastaba controlar sus emociones y dosificar su verbo para aumentar su poder ante los otros.
Pero en ese momento el jurado ya estaba deliberando. Nada dependía de su voluntad; sólo le cabía esperar.
Mi nombre no tiene importancia, mi edad tampoco. Sólo diré que mi título de Vicioso y Hombre Malo me fue conferido, tras estudiar la vida entera en su academia, por una milenaria formalidad ideada naturalmente por los hombres. Y que si de algo soy testigo es de un derrumbe moral que me ataca por todos los flancos y me obliga a sumarme a él, en el entendido de que la verdad no es otra cosa que aquello que todos tratan de ocultar.
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1 comentario:
Esperar.... Uno se cansa.
Un abrazo
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