Sería esta la forma correcta de mirar las cosas, la forma constructiva, optimista y buena. Pero yo, angustiado por mi tranquilidad, por el futuro que me espera, los miro por detrás de los visillos.
¿Qué tranquilidad esta, la mía, que siempre me ha sido tan esquiva? ¿Qué futuro?
Mi mente se retuerce, se niega a aceptar la realidad desde ese punto de vista, se complace imaginando catástrofes. Anuncios apocalípticos, fin de una ilusión. Vuelven mis días a las salidas de mi padre que pronosticaban tormenta, combinadas con cuatro o cinco días de felicidad, después la nueva salida, ciclo eterno de infancia.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario