Ingresó el médico. La examinó, sin levantarla del piso; la mujer quería darse a entender, pero sus balbuceos no ayudaban a la causa. El médico se puso de pie y llevó a los presentes a un rincón, donde en voz baja preguntó quién había sido el primero en verla.
-Vinimos al salón a fumar y beber una copa de coñac y la vimos tirada en el piso, dijo uno de ellos. Dinen agregó: Yo entré a continuación.
-No es nada grave -dijo el médico. Se repondrá en unos minutos.
-¿Entonces podemos retirarnos? -preguntaron los caballeros.
-Sí -dijo el médico. Los tres caballeros volvieron a la fiesta; en el salón quedaron la mujer, el médico y Pil Dinen.
-¿Cuál es su diagnóstico, doctor? -preguntó Dinen.
-Solo ha sido un desmayo, no atribuible al alcohol. La mujer se incorporó con dificultad y tomó asiento en un sofá.
-¿Se encuentra mejor, señora?
-Sí, doctor.
El médico ordenó unos exámenes, escribió una receta, puso ambos en sus manos y se despidió con cortesía. En el salón quedaron la mujer y Pil Dinen. El investigador le habló.
-Quisiera hacerme cargo de su caso -le propuso. La mujer estudió la propuesta con cierta perplejidad.
-¿Qué caso? -preguntó.
-El de su desmayo.
-No veo la necesidad... ¿qué costo me ocasionaría, señor...?
-Pil Dinen. No le cobraré nada. Solamente deseo despejar unas dudas sobre este episodio del que por casualidad he sido testigo.
(sigue)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario