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domingo, julio 05, 2026

Almas ordinarias

Vivir emociones me torna infantil, me degrada. La intensidad con que vivo emociones básicas se aleja tanto de la prudencia, la serenidad, la austeridad si se quiere. Epicuro defiende la búsqueda de placer, aun los placeres menos sanos, menos necesarios, como los llama, pero advierte que si el placer conlleva consecuencias dolorosas, entonces, sin censurarlo, no lo recomienda, porque ese placer consigue lo contrario de lo que pretende. El placer es la ausencia de dolor; entre los placeres necesarios por antonomasia distingue aquellos que quitan el hambre y la sed. Olvida el placer superior: el acceso al oxígeno.
Yo hablo de placeres secundarios, como la inclinación psíquica por un equipo de fútbol y las consecuencias que eso implica atendido el resultado del partido que juega. Así entonces, estos placeres, estas emociones, no me estarían haciendo mucho bien, pues a veces desembocan en dolores fuertes, en grandes frustraciones.
De allí a cambiar de estilo, a encaminarse en dirección hacia una vida serena y prudente, exenta de ambiciones, no hay un paso, hay toda una vida; me refiero a la vida que ya se ha vivido, que es la vida verdadera.
Existen almas selectas y existen almas ordinarias, yo pertenezco a estas últimas.   

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