Visitas de la última semana a la página

lunes, septiembre 21, 2026

Problemas de Pereptil en la mesa del café

Mirándolo, o mirándose, desde fuera, Pereptil Pérez no acusaba graves padecimientos, ni siquiera graves problemas. Su vida transcurría normalmente, no digamos naturalmente, porque eso sería faltar a la verdad. Normalidad, en cambio, es un parámetro aceptable: un estado de salud más que aceptable para su edad, una situación económica bastante mejor que la de la gran mayoría de los retirados del país, una situación sentimental "consolidada". Una esposa de toda una vida; hijos grandes, mayores; nietos adorables.
Pero, ¿de qué sirven estos calmantes si al meterse en su cabeza cualquier, no digamos especialista, cualquier vecino de a pie -esto es, si el vecino de a pie quisiera hacerlo, si le diera la gana de hacerlo, de cambiar sus propias vicisitudes por la contemplación de un entramado exógeno, de un alma diferente a la suya; en el fondo, de un asunto que no le concierne- podía ver los remolinos que se iban abriendo y cerrando, abriendo y cerrando, como vórtices eternos de problemas; sí, problemas simples o complejos problemas, problemas solucionables, problemas sin solución, problemas que abrían un futuro de esfuerzos, sacrificios, visitas a oficinas, intrincados procedimientos ante el notebook, interminables llamadas telefónicas; en fin, todo aquello que empuja a que la vida se torne desagradable?
Pereptil Pérez tenía 71 años y esa vorágine daba vueltas en torno a su cabeza como ciclistas atrapados por el velódromo, ciclistas pugnando por salir disparados hacia la libertad.
Si este fuese un cuento dividido en presentación y tres capítulos, la anterior sería la prrsentación y lo que sigue, el primer capítulo. Como no lo es, la incertidumbre me obliga a improvisar. Sentado en la mesa del café, a Pereptil le costaba concentrarse en su libro de turno; a cada párrafo le salía al paso un problema pendiente; si releía el párrafo venía otro.

(sigue)    

No hay comentarios.: