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viernes, octubre 09, 2026

Un mes en el campo

Hace tiempo que no leía algo tan inglés. "Pasión en el campo", titulada originalmente "A Month in the Country", de J. L. Carr. Pasiones contenidas, la majestuosa vida sencilla del campo, con sus gentes y la naturaleza en su sereno y tímido esplendor. Desconocía al autor. Escribió esta novela corta en 1980, a punto de cumplir los setenta años, lo que explica ese tono mesurado, otoñal, alejado de las pasiones juveniles estrepitosas, aunque la acción se desarrolla en el verano. Verano inglés, por supuesto. Como si dijéramos verano del sur de Chile, o algo parecido. 
He leído que ciertas críticas la califican de fría y le hacen ver el segundo plano en que se deja al fantasma de la Primera Guerra. Quienes escriben eso pertenecen a la cáfila de insensibles de que está llena la academia literaria. O será porque yo entiendo mejor al autor, ya que he sobrepasado esa edad. Los recuerdos, las consecuencias de la Primera Guerra en quienes la vivieron están muy bien como están. Ni más ni menos. Mejor me concentro en sus logros. La homosexualidad de uno de los personajes se da a conocer en forma tan oblícua que asombra. El secreto a voces se revela sin escándalo, sin parafernalia, con cierta compasión, como si se agregara a las ramas torcidas de algunos de los árboles que pueblan el bosque. No hay condena, tampoco aceptación. Es un hecho de la causa.
Tal vez la delicadeza de la relación entre el protagonista y la esposa del vicario anglicano era esperable, aquel sentimiento tan inglés del enamoramiento contenido (recuerdo esa película con la imagen de Anthony Hopkins en el afiche). Aun así estremece, llegado el momento, el único momento en que esa pasión compartida pudo haberse materializado.
Se interpreta la novela en función del cambio que le va ocurriendo internamente al restaurador del fresco medieval de la iglesia del pueblito ficticio de Oxgodby, donde ha acudido para cumplir esa misión: al tiempo que devela la pintura de los efectos del paso del tiempo su alma va quedando al descubierto y se purifica durante lo que pasará a ser un verano inolvidable en su vida. Para mí, no son más que palabras inteligentes destinadas a las letras de molde.
Yo rescato la descripción del paisaje, la felicidad que se puede hallar en la simpleza, la descripcion vívida de los personajes, la sencilla trama impregnada de emociones naturales.
Es curioso lo que provoca el fenómeno de la escasez. Durante unas vacaciones cuyo destino fue un bosque a la orilla de un río perdido en el sur, la imprevisión nos tomó de sorpresa, Pensábamos que en el sector encontraríamos algún mercadito donde abastecernos. Al tomar conciencia de que no había nada tuvimos que racionar los pocos alimentos y cervezas que llevábamos. Nunca he disfrutado tanto de una merienda y del sabor de una cerveza como aquella vez.

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